
Habitualmente los lobos cazan en grupo. Acechan y devoran a sus presas siguiendo un estricto orden jerárquico y cuando han saciado su apetito, dejan restos de escaso valor para otros ejemplares más débiles que esperan su turno conscientes de su inferioridad. En una comunidad de lobos sólo hay lugar para un macho dominante.
Cuando otro alfa decide que no quiere seguir sometido, abandona la manada y caza y vive en soledad.
Pero a veces, cuando el objetivo es realmente ambicioso, como un enorme bisonte o un alce, un par de lobos solitarios pueden aunar esfuerzos y de un modo sorprendentemente instintivo establecen una estrategia implacable para someter a la presa. Se comunican en silencio y la compenetración es máxima. Cuando identifican la captura, la voraz carnicería es ya sólo cuestión de tiempo y en la práctica, la víctima no tiene posibilidad alguna de escapar.
Hace unas pocas semanas, Madelman Osuna y yo éramos lobos hambrientos. Hombres libres y solitarios en perfecta armonía con nuestro entorno. Pero una mañana lluviosa de
abril mayo, un objetivo interesante se cruzó en nuestro campo de visión y despertó el instinto asesino. Inmediatamente decidimos unir nuestra fuerza y habilidad para alcanzarlo. Todo ello sin mediar palabra, sólo una mirada fría y cómplice. Los machos alfa somos así, no hablamos mucho.
El domingo día 23 de
abril mayo tendría lugar una prueba deportiva que iba a suponer un reto para nuestras aptitudes físicas y mentales. El
III Raid Serres del Mestral, en Vandellós, provincia de Tarragona. Sin dudarlo un segundo nos inscribimos en la prueba sabiendo que habíamos de vencer. En las últimas semanas hemos estado entrenando duro. Largas sesiones de
pesas, interminables series de
flexiones sobre dos dedos y
dominadas a una sola mano a la luz de la luna. Dormíamos lo justo y cuando no estábamos trabajando, no dábamos tregua al
descanso. Decenas de kilómetros corriendo y cientos en bicicleta. Muchos de ellos bajo la intensa lluvia y el viento en contra. Para mantener el cerebro despierto jugábamos al ajedrez a distancia. Peón mata a caballo. Eso eran cien flexiones de castigo!

A medida que se acercaba la cita y aunque no lo habíamos pronunciado nunca, cada vez lo teníamos más claro: nuestros rivales no tendrían nada que hacer. Sencillamente éramos los mejores en todas las especialidades. Bicicleta, orientación, tiro con arco, rappel, escalada… era un juego de niños. Lobos contra un rebaño de
ovejas indefensas.
Quedaban dos días y ya ultimábamos detalles logísticos.
-¿Óscar tienes mosquetones de sobra?
-Claro tío, además no creo que los necesitemos.
-Yo llevaré la brújula.
-Vale, pero no creo que la necesitemos.
-En las normas de la web dice que hemos de llevar chalecos reflectantes…
-Usaremos los del coche, pero no creo que hagan falta.
Óscar “Madelman” Osuna es así. Con un par de piedras, algo de madera y unas lianas podría sobrevivir meses en mitad del Teneré.
Sábado 22 de abril mayo. Lleida, 9:00 AM. Suena el móvil.
Había dormido poco y acababa de despertarme. Me empezaba a preparar para la última jornada de entrenamiento. Había quedado con Óscar para descender un barranco y por la noche saldríamos a tomar unas copas por El Vendrell. Algo de alcohol en las venas le daría vidilla al evento.
- Ey tío, que pasa…
- Oye, que me acaban de llamar de la organización del Raid…
- ¿Ein?
- Que me preguntan que por qué no estamos allí. Que van a empezar en media hora.
- ¿Qué me estás contando?
- ¡Que era hoy tío!
- Macho no me
jodas. Tienen que haberse equivocado. ¿Pero no era el 23?
- Hoy es 23 tío, sábado 23.
Respiro profundamente y me froto los ojos. Abro la web de la organización en el portátil y miro el calendario de Windows.
Silencio (…)
- …somos
gilipollas.
- Así es.
Y aquí, antes de tiempo, tal
coitus interruptus, termina la crónica de nuestra participación en el III Open Raid Serres del Mestral. Ni machos alfa, ni orientación, ni tiro con arco, ni pollas en vinagre. Quedamos como unos capullos y nos conformamos con el premio de consolación. Un par de chalecos polares chulísimos, unas gorras, un plano de la zona, unos folletos informativos y un boli, con el que pienso escribirme en la frente la fecha del próximo Serres del Mestral el año que viene. Y lo vamos a ganar! Bueno a lo mejor no… pero
marcaremos la zona con orín, igual que hacen los lobos esteparios.
Preferimos mantener nuestra identidad en el anonimato, para evitar collejas...
Hola, soy Sophie de nuevo.... que no me acordaba que tenemos el momentazo... Joice, también me he permitido completar tu entrada para añadir un pequeño video ya que también es un perfecto complemento ilustrativo...